El proyecto PorfiaTejedora, se formaliza como tal, hace poco más de 2 meses, gracias a la presión y motivación constante de una gran amiga y compañera de emprendimientos.

Mi camino por hilos y lanas inicia de manera bastante experimental en un pequeño taller de bordado junto a mi madre, quién es la que despertó a la “araña tejedora” que vive en mi. Comenzamos a incursionar en distintas técnicas, colores y formas; dando a luz diversos proyectos; sorprendiéndome a diario con esta forma de dibujar y pintar con aguja e hilo.

En cambio, mi comienzo en el telar fue bastante intenso; en pleno apogeo de las movilizaciones sociales que iniciaron el día 18 de Octubre, en Santiago y posteriormente a lo largo de Chile. Si bien, las complicaciones de transporte y tensiones asociadas al contexto podrían haber sido un impedimento, o aquello que me motivara a desistir, justamente tuvieron el efecto contrario.

A mi parecer, el hecho de emprender y consolidar un proyecto – por más pequeño que este sea – , viene a “romper”; tanto con el modelo de vida que se mantenía a la fecha, como con una serie de conocimientos y preconcepciones internalizadas.

Las distintas manifestaciones artísticas son procesos dinámicos de permanente crecimiento y enriquecimiento. El tejido mismo forma parte de la cultura material, íntimamente relacionado con las tejedoras y tejedores que le han dado vida; pero al mismo tiempo se consolida como un complejo entramado simbólico que refleja identidades, cuenta historias, nos muestra “pedacitos de mundo”, formas de ver, de pensar y de construir realidad.

A nivel personal este recorrido por el mundo del tejido ha sido un proceso bastante sanador y revelador, que no ha estado excento de dudas ni cuestionamientos. Entre ellos: la necesidad de reconocer y visibilizar a maestras y maestros, comunidades, escuelas y la historia que se esconde detrás del conocimiento que estamos por recibir.

En este lineamiento, es importante destacar también que el tejido consta de una serie de procesos que consolidan culminan en la pieza textil; sin embargo estos inician en la misma compra (acrílico o natural) o producción del material a utilizar para el trabajo, conllevando gran dedicación, esfuerzo, paciencia y tiempo para el tejedor:

Esquila del animal; lavado de la lana; escarmentado (separar y estirar la lana para que quede suave); hilado del material (proceso de torción, donde se estira y tuerce, para poder obtener la madeja que utilizaremos para tejer) y el teñido mismo.

Una vez con material en mano comienza la creación del diseño, la selección y combinación de colores, el urdido del telar (“amarrar” las lanas al telar que utilizaremos para tejer) y el tiempo mismo de tejido que culminará en la pieza textil.

Teniendo en cuenta el universo que se esconde detrás del producto final que apreciamos y la versatilidad de usos que este puede tener; desde una prenda textil en sí, prestando abrigo y/o sirviendo de representación de la comunidad y localidad a la que se pertenece; como mantos mortuorios que acompañan el proceso del difunto hacia otros planos; como protección y contención para el día a día a través de símbolos sagrados y el mismo uso práctico a través de morrales o bolsos que nos acompañan en el cotidiano, junto con su uso decorativo, formando parte del hogar y nuestras vidas.

Es así que te invito a conocer un poco más de mi labor, en estos pequeños pasos entre agujas y lanas, que nos conectan con nuestro propio interior e historias tan antiguas que creíamos olvidadas: https://www.instagram.com/porfiatejedora/

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